La semana pasada vimos como la cara de Moisés resplandecía cuando entraba en la presencia de Jehová. Notamos como el pueblo (incluso hasta su hermano Aarón) tenían miedo al ver la gloria de Jehová reflejada en la cara de Moisés. Vale la pena en este momento considerar algunos puntos de suma interés e importancia acerca de las grandes diferencia entre la dispensación de la ley (aunque como vimos era siempre mezclado con la gracia) y la dispensación de pura gracia en que nosotros nos encontramos. “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado … ”. Lucas 16:16 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. … Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”. Juan 1:14-18
“Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer. … ”. Vemos en este versículo dos cosas; la ley era “ministerio de muerte” y “había de parecer”. Más adelante vemos la ley como “el ministerio de condenación” y “lo que perece”. ¡Que triste que tantos en nuestro día anhelan la ley como su salvación! Es muerte, es condenación, y era de ser anulado con la venida de Jesucristo. Debe de ser claro a nosotros que la ley no podía dar vida; su utilidad era de revelar el hombre cien por ciento perdido, sin esperanza cualquiera menos por la justicia de Dios cumplido en la muerte de Cristo en la cruz.
La cara de Moisés tenía que ser cubierta a causa de la gloria de su rostro. Pero la cara de Cristo está plenamente descubierta. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. 2 Corintios 4:6 Y Pablo dijo que nosotros vemos la gloria del Señor con cara descubierta. Es un gran contraste nuestra lectura del antiguo testamento, pues en ella vemos los prototipos y sombras de lo que había de venir. Pero el pobre judío, con ojos ciegos lee los mismos versículos y no ve nada. “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”.
Se nota que el velo ha mudado. En tiempos antiguos el velo estaba en la cara de Moisés. Pero ahora “el velo esta puesto sobre el corazón de ellos”. ¿Por qué el cambio? Pues, porque el velo “por Cristo es quitado”. Ya no hay velo sobre “la cara de Moisés”; se ha cambiado de estar sobre su corazón. Vemos algo similar en la predicación de Pedro después de la resurrección de Cristo. En los Hechos 4:19, Pedro les dijo a los líderes judíos “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios”. Pero siendo que no juzgaron bien, amenazando a los apóstoles y mandándoles que no hablasen de Jesucristo, Pedro dijo en Hechos 5:29 “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. Ya no les decía que juzgaren. Más tarde Pablo les dijo “A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.
Tenemos que recordar que Dios hizo promesas a Abraham que nunca serán anuladas. “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará”. Hay los que enseñan que Dios ha reemplazado a Israel con la iglesia pero no es cierto. Un remanente de Israel ha de aceptar a Jesús como su Mesías, su Cristo, y el velo por fin se quitará.
¡Qué bueno es terminar el capítulo con la bendita verdad de la gloria transformadora de Cristo! “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. No sé porque los traductores añadieron las palabras “como en un espejo” porque el espejo solo nos enseña a nosotros defectuosos. Somos transformados a través de ver la gloria del Señor con cara descubierta. Así aunque vemos las ventajas y bendiciones que tenía Moisés como líder de Israel y con los privilegios de meterse en la presencia de Jehová, no son de comparar con las bendiciones de nosotros como cristianos.